Punto a dos agujas, punto con palillos, tricot…el nombre varía, pero la definición es la misma, es la unión de hebras usando lazadas entre si con la ayuda de unas agujas para conseguir una “malla” de tejido, o tricot.

Todas sabemos lo que es el punto a dos agujas, seguramente hemos visto a nuestras abuelas o madres tejer, a algún familiar o amigo, porque es una labor muy extendida, sin embargo, ¿sabemos cómo se originó esta práctica?

Como tejedora curiosa, siempre me he preguntado cómo y quién diantres inventó algo que lleva tantos años en nuestro día a día, una labor artesanal que se va pasando de generación en generación y que hoy en día esta tan de moda.

Si eres curiosa, como yo, este post te interesará, en el resumo toda la información encontrada en lo referente a como se originó el punto a dos agujas, ¿preparada?

Si te interesa conocer el origen de el crochet, también puedes leerlo aqui.

La imagen usada para la portada es «Joven mujer tejiendo» (Óleo sobre lienzo -1873) de Jules Breton (1827-1906) Pintor realista francés de Courriéres, Villa al norte de Francia.

 

Aunque las primeras labores se originaron en Arabia alrededor del año 622 d.c, aún se conservan varias muestras textiles que demuestran que esta técnica ya existía de mucho antes y que de hecho la habían llegado a perfeccionar de tal manera que a día de hoy los historiadores aún no saben definir el método como tejían, los restos de un tapiz egipcio que datan del año 600 d.c o prendas encontradas en tumbas romanas.

Pero aun tendríamos que remontarnos mucho antes, de hecho, los indicios del origen de esta labor datan de miles de años atrás, se cree que fueron los marineros y cazadores, que diseñaban sus redes haciendo nudos a lianas o ropas de manera manual, los precursores de esta técnica.

Por lo tanto, el origen fue simplemente crear una herramienta para facilitar el trabajo de pescadores y cazadores con redes. No fue hasta años después que la técnica empezó a emplearse con fines estéticos, como en el caso de los tapices, y para tejer prendas de ropa, como calzas o calcetines, guantes, gorros, camisas o pantalones, fue entonces introducido lo que venimos conociendo hoy en día como punto a dos agujas, gracias a los Árabes allá por el s V.

Las agujas terminaban en gancho y se guardaban dentro de cajas o bien se clavaban en corcho para que no se deformaran, y estaban hechas de cobre, madera o marfil, entre otros materiales.

Desde entonces aquel menester se volvió exclusivo de los hombres, las mujeres hilaban, los hombres tejían.

Tanta importancia llegó a tener esta artesanía que en 1520 se creó el gremio de calceteros, en Paris. Para pertenecer al gremio tenías que tomar clases por un periodo de 6 años y hacer un examen de ingreso en el que te pedían tejer una camisa, un gorro cardado, un par de medias y un tapiz de varios colores. ¡Ahí es poco!

 

Hasta 1589 todas las labores se hacían a mano, el bueno de William Lee, un clérigo inglés, inventó una máquina para tejer medias de manera automática, pero la reina Isabel I de Inglaterra le negó la patente, porque consideró que ese invento suponía una amenaza para todos los tejedores.

Lee tuvo que marchar a Francia donde allí si le permitieron patentar la máquina y de hecho gracias a ello se facilitó el trabajo de miles de personas.

La revolución industrial marcaría un antes y un después en las múltiples modificaciones de las máquinas de tricotar y la evolución de estas creció considerablemente.

En 1758, Jedediah Strutt, un calcetero inglés, inventó una máquina que permitía confeccionar tejidos acanalados, y así nació el canalé.

A principios del s XIX, el ingeniero británico Marc Isambard Brunel, inventó un bastidor circular al que llamó “tricoteur”.

Gracias a Mathew Townsend en 1858 el tejido de hilos gruesos fue posible, y el “sistema cotton”, cortesía de William Cotton, era una mejora en las maquinas que permitía dar forma a los talones y punteras de medias y calcetines.

Finalmente, en 1889 se presentaron por primera vez las máquinas de tejer automáticas.

Como el sector siempre se mantuvo en auge, también lo fueron haciendo las mejoras de las maquinas, hasta nuestros días, donde las grandes empresas textiles poseen maquinas con las mejores prestaciones que permiten tejer a una velocidad y precisión asombrosas.

Aunque bueno, yo sigo pensando que no hay nada que tenga más valor y encanto que lo “handmade”, hecho a mano con el corazón, en esta era donde todo esta tan mecanizado, ¿no creéis que la creatividad es la posesión más preciada?

 

¿conocías la historia del punto a dos agujas? ¿Quién te enseño a tejer? ¿tienes alguna tricotadora, o eres de las que les gusta hacerlo todo a mano?

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